El taller donde
el arte se contó con la voz de quienes lo vivieron
Visitas al
taller de Pujía
02/05/2026
- El
arte, la cocina y la memoria se integraron en una
experiencia sensorial única en uno de los rincones más
entrañables de Floresta, donde Antonio Pujía forjó su
legado. El espacio cultural Simple El Atelier abrió sus
puertas con un cóctel que reunió a periodistas, artistas y
referentes culturales, en una inmersión viva en la obra del
célebre escultor ítalo - argentino. La inauguración no fue
solo un recorrido por esculturas: fue, ante todo, un
encuentro con la memoria. En cada sala, en cada objeto, el
pasado se hizo presente a través de la palabra. Aquellos
vecinos que deseen participar de las visitas guiadas
gratuitas podrán acercarse al taller (Chivilcoy 452) los
días martes y jueves de 18 a 20 h.
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Su maestra de
primaria le dijo a la madre de Antonio cuando este egresó
del ciclo: su hijo tiene talento, debería seguir Bellas
Artes. Sin embargo el padre tenía otros planes: Antonio
estaba llamado a convertirse en un contador serio y
respetable, en un profesional de los números con un futuro
claro, floreciente, exitoso y predecible. |
Por suerte su madre lo anotó
casi a escondidas en la
escuela Manuel Belgrano.
Pujía aprobó el ingreso y de
allí en más su destino lo
llevó por los caminos que el
niño jóven ansió siempre
transitar.
A los pocos años Pujía se
recibe de Profesor Nacional
de Dibujo en la Escuela de
Bellas Artes Prilidiano
Pueyrredón, y de Profesor de
Escultura en la Escuela
Superior de Bellas Artes
Ernesto de la Cárcova.
Su período de estudios
abarca desde 1943 hasta
1954, trabajando durante
esos años como ayudante de
artistas de gran renombre
entre los que mencionaremos
a Rogelio Yrurtia.

Fotografía Ada Sacchi
Pujía también ejerció la
docencia, teniendo a su
cargo las cátedras de
escultura, en las Escuelas
Nacionales de Bellas Artes "Prilidiano
Puerredón" y "Manuel
Belgrano".
Desde el año 1956 y hasta el
año 1970 se desempeñó como
escultor-escenógrafo del
Teatro Colón de Buenos
Aires, siendo jefe de su
taller de escultura.
Obtiene el Gran Premio del
Salón Municipal Manuel
Belgrano en 1959, el Gran
Premio de Honor del Salón
Nacional de Artes Plásticas
en 1960, la Bienal Alberto
Lagos en 1961 y el Gran
Premio del Fondo Nacional de
las artes en 1964 entre
otras distinciones,
realizando más de 50
exposiciones individuales en
cuarenta años (entre 1962 y
2001).
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Columna de la Vida |
En 1970 lo contrata la Art
Gallery con la cual estuvo
relacionado durante 7 años.
"Empecé
a hacer muestras y me fue
muy bien. Así pude comprar
mi casa de Floresta,
tenía intenso trabajo que a
veces me abrumaba. Estaba en
el Colón, tenía mi taller y
hacía muestras anuales en
Art Gallery, además de la
docencia en Bellas Artes",
declaró hace unos años
Antonio Pujía a los colegas
de Rio Negro On line.
Próximo a los 40 años su
vida cambió, decidiendo
dejar algunas cosas para
dedicarle más tiempo a la
actividad creativa, a su rol
de escultor. |
Antonio posee también una
casona taller en la calle
Gualeguaychú de más de 200
metros cuadrados poblada por
centenares de piezas,
grandes y pequeñas, de
bronce, plata, oro, madera o
mármol.
Su Hogar está cercano a la
Plaza Vélez Sarsfield, la
misma que luce desde 1983
su obra en mármol "Columna
de la Vida".
Pujía,
declarado "Ciudadano Ilustre
de la Ciudad de Buenos
Aires",
uno de los escultores
contemporáneos con mayor
trayectoria y reconocimiento
a nivel nacional e
internacional vivió en
nuestro barrio, en su
Floresta, rodeado por sus
afectos y trabajo, casi como
cualquiera de nosotros, sin
creer demasiado en el éxito
que lo acompañó, dejando
fluir su pasión creadora, su
sensibilidad extrema, y la
sencillez innata que lo
convirtió en un grande...
Antonio Pujía nació en Polia,
Italia, el 11 de Junio de
1929 y falleció en la
tarde del sábado 26 de mayo de 2018.
Sobre las
visitas guiadas gratuitas a
su taller
El Taller de Antonio Pujía
no fue solo el lugar donde
nacieron sus obras. Se
reveló como el escenario
donde aún resuenan las
anécdotas, los gestos y la
pasión de un maestro que
transformó el barrio en su
musa.
Quienes recorrieron sus
espacios no solo observaron
esculturas: escucharon a
Sandro Pujía, su hijo,
compartir con profunda
emoción la intimidad de un
padre que trabajaba de sol a
sol, fiel a su taller como a
un credo. “Vivir este
momento me conmueve
profundamente. Es, al mismo
tiempo, un acto de
continuidad y una forma de
encuentro. Que su obra
vuelva a habitar su lugar de
origen no solo preserva una
memoria, sino que la
proyecta hacia el presente,
haciéndola accesible y viva
para nuevos públicos”,
expresó ante los medios.
A su lado, Pablo Queijas, su
último discípulo, revivió
las enseñanzas de esas manos
ásperas que modelaban cera
con la misma ternura con la
que corregían un gesto.
“Antonio era un enamorado de
la vida (en mayúsculas) y
enseñaba desde el hacer con
pasión. Había una exigencia
muy grande, pero también una
enorme sensibilidad y amor.
Cada corrección era una
forma de transmitir una
mirada sobre la forma, pero
también sobre la vida y la
naturaleza”, compartió.
Su testimonio aportó una
dimensión viva del maestro,
no desde la obra terminada,
sino desde el hacer
cotidiano, desde la
transmisión directa del
conocimiento.
Porque en ese taller, el
legado no se exhibió: se
habitó.
Así lo entendió también
Bodega Trapiche cuando, en
el marco de sus 125 años,
convocó al maestro para
crear la icónica medalla de
su Malbec Trapiche Medalla,
una pieza que sintetizó en
bronce la misma excelencia
que el vino guarda en la
botella.
El espacio, recientemente
recuperado, volvió a latir
con fuerza. La antigua casa
de estilo italiano —hoy
reconvertida en salas de
exhibición, talleres y
eventos sociales y
comerciales- se consolidó
como un punto de cruce entre
pasado y presente.
Durante la jornada, la
emoción atravesó cada
intervención. La palabra de
Sandro y de Pablo no solo
reconstruyó la figura de
Antonio Pujía: la volvió
cercana, tangible,
profundamente humana.
Hoy, ese mismo espacio late
otra vez. Con la memoria
viva de Antonio, con las
voces que lo sostienen en el
tiempo y con la certeza de
que el arte más auténtico
es, también, el que se sigue
contando.
Las visitas guiadas
gratuitas, abiertas a la
comunidad, se realizan
los martes y jueves de
18 a 20 h en Chivilcoy
452, Floresta (CABA)
Fuente:
María
Laura Escobar - Notas de archivo propio